miércoles, 19 de agosto de 2009

Un anneé sans Yves


Un anneé sans Yves, tout rare.
Buscaba una y otra vez las traducciones en el diccionario de la PC.
Ninguna palabra allí y las mismas sensaciones que me invaden.
Tout rare? , imágenes que viajan en un tren veloz, las estaciones son como ínfimas lucecitas de colores, alineados los parantes de hormigón, evitando posibles derrumbes.
La voz de una mujer que se pierde por la gravedad de ese parlante oxidado y empastado, quizá victima de un invierno crudo y parisino, de aceras humeantes y olor a lluvia.
No voy a invocar viejas imágenes del pasado, ni siquiera las experiencias de viajes.
Todas esas voces viven en algún rincón de mi cabeza. Pero no importan ahora.
O si importan, pero podría desensillarlas en otras líneas.
Un anneé sans Yves, por que Iván sería más ruso que otra cosa. Un rusito mas bien morocho, posiblemente nacido en alguno de esos países abrazados a la ex URSS, donde un rasgo oriental se curtía con la bebida blanca y los bailes Cosacos.
Cómo se escuchará su voz, quiénes serán sus amigos nuevos. Demasiadas preguntas y no quiero invadirlo a pocos días de su partida.
Es inevitable la espera, será con café, libros y algunos viejos discos, justo a la hora en que la noche acompaña la lontanía*.
Yo seguiré intentando una visita, anhelando recorrer juntos esas callecitas que ya puedo apreciar.
Pienso en París y siento que la conozco, que su olor no me sorprendería, sus mujerzuelas me resultarían dantescas, alevosas, viejas regordetas mal maquilladas, regalando insultos al aire galo.
Seguir los pasos de Julio y abandonar paraguas en alguno de esos puentes perdidos.
No es un año más, es un mundial menos, es un encuentro des-encontrado, no es un año sin Iván, es un anneé sanns Yves, un hermano, un amigo.

*distancia o lejanía

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